No es ningún secreto la creciente problemática a la que viene haciendo frente la sociedad en los últimos tiempos consecuencia de la peligrosa ecuación menores-alcohol-diversión. Son también numerosas las voces de alarma que van apareciendo  avisando de la cada vez menor edad a la que estos jóvenes mantienen el primer contacto con las bebidas alcohólicas.

Los datos del último ejercicio aportados por el propio Ministerio de Sanidad en España son en sí mismos una señal que nos tiene hacer recapacitar. ¿Quién no se hace preguntas cuando descubre que según estas mismas cifras, entre los escolares de 14 años, prácticamente la mitad de los que hicieron botellón en el último año han sufrido al menos una intoxicación etílica aguda? ¿Por qué esa cifra tan alta? ¿Cómo acceden a ese alcohol si la ley no lo permite? ¿Está la sociedad actual trivializando los efectos que el alcohol puede tener en el organismo y en el desarrollo de los más jóvenes?

No se trata de una demonización generalizada de las bebidas espirituosas. Ni mucho menos. Desde DIA siempre hemos defendido la libertad de elección entre todos y cada uno de los productos que comercializamos y que por supuesto consideramos los mejores del mercado cada uno en su segmento.  De lo que se trata es de concienciar e intentar poner freno al consumo generalizado entre una franja de la población para la que la ingesta puede ser fatal a largo plazo.

Para ello resulta de vital importancia tener claro quiénes son los principales actores implicados en esta problemática. En primer lugar, la familia. Sin un entorno familiar concienciado resulta imposible hacer ver a esos mismos jóvenes que el consumo a edades tempranas afectará a su rendimiento a corto plazo y a su desarrollo a largo. En segundo lugar, la implicación de las instituciones locales. Con una legislación permisiva o con una aplicación de la misma incorrecta como la  posibilita a asistir a “botellódromos” o  a eventos infinitos durante la noche en lugares donde se produce un  consumo masivo, se consigue relacionar el fin de semana o los eventos  con el consumo de  bebidas alcohólicas. Y en tercer lugar, la acción de los  de comercios, distribuidores  y encargados de la venta. Sin eludir ni un ápice de la responsabilidad que nos corresponde respecto a las ventas en nuestros establecimientos debemos señalar la existencia de comercios de distribución no organizada que aceptan con manga ancha y mirando para otro lado la venta de alcohol sin hacer pregunta alguna. No hemos de olvidar tampoco el papel de la hostelería.

La iniciativa recientemente puesta en marcha por DIA, “Menores sin alcohol, un reto de todos”, persigue precisamente esto. Implicar a todas y cada una de las personas, organismos y compañías que pueden y deben hacer algo por  erradicar un problema que a todas luces va a más. Somos conscientes de que se trata de una empresa difícil a la que una sola persona o entidad no puede hacer frente, de ahí la necesidad de unir fuerzas en un proyecto que no queremos sea únicamente de DIA.  En DIA  trabajamos ya por el refuerzo en la formación por la comunicación del mensaje de manera masiva, empleados y  consumidores adultos nuestros principales grupos, pero también los menores a los que hablaremos desde nuestros proyectos deportivos y de acción social. Revisamos también nuestros procedimientos y queremos aportar nuestro granito de arena a este importante reto. Es una carrera de fondo. Lo sabemos.

Queremos en definitiva ser el punto de inicio, la bisagra que permita abrir la puerta a los nuevos proyectos, la colaboración conjunta y sobre todo del éxito común.

Desde la compañía animamos a la participación activa. No debemos olvidar  “ Menores sin alcohol es un reto de todos” y un beneficio para la sociedad en su conjunto.