¿Está usted comprometido con el reciclaje? ¿Es de los que acostumbra a dejar en el punto verde más cercano de su casa los envases? Pues verá,  le vamos a explicar un nuevo método en cuya sencillez radica su belleza. O eso dicen. Juzgue usted mismo y vaya haciéndose a la idea porque algunas autonomías ya cuentan con implantarlo el próximo año.

Imagínese una mañana cualquiera en su supermercado habitual decidido a llenar su despensa. Comienza  a cargar su carro con productos de la cesta básica como pan, leche, azúcar, aceite, bebidas refrescantes, carne, pescado, etc… Cuando llega a la caja para pagar descubre que varios de los productos que usted compra y que están envasados con materiales como el vidrio, acero o plástico PET entre otros han incrementado su precio diez céntimos cada uno. Ante esta subida generalizada usted pregunta un tanto sorprendida a la cajera el porqué de ese incremento. La empleada, con sus mejores de las sonrisas, le explica que es sólo un préstamo y que si retorna este envase vacío nuevamente a la tienda se le devolverá esos diez céntimos. “Son las nuevas normas”, concluye.

Usted, que siempre ha sido muy de hacer caso y diligente, llena su nevera- despensa con esos productos y continúa haciendo vida normal. Pasadas un par de semanas,  el contenedor que tiene en casa para agrupar los envases reciclables ya está hasta arriba y recuerda a aquella cajera que le dijo que tendría que devolver esos recipientes a la tienda donde los compró si quería tener sus diez céntimos de vuelta.  Se acerca con su bolsa nuevamente al supermercado y se encuentra dentro del mismo una máquina que ocupa el espacio donde antes estaban parte de los productos que usted compraba, que además hay cola y que el suelo está sucio. “Buenos días, ahí es donde tiene usted que meter los envases. Póngase a la cola y no olvide que el lector de la máquina tiene que leer la etiqueta de cada envase, si están en mal estado no servirá y no le dará el ticket con el que reclamar en caja sus céntimos. Ahh y por cierto, no todos los envases que ha traído son válidos para este nuevo sistema de reciclaje”, le dice un empleado del supermercado.

¿La etiqueta? Pero si la mayoría de los envases han perdido su etiqueta! Si  mi hija se dedica mientras come  a arrancar el papel de la botella de su refresco! Si la misma grasa del aceite ha hecho desprenderse el adhesivo! Si para que me cupieran más envases en mi cubo de basura he tenido que aplastarlos! Si pensé que la lata de atún y el bote de pasta de dientes también se podían reciclar aquí! Si… si… si… Y al final se vuelve usted a casa con 20 céntimos, dos botellas recicladas y una bolsa repleta de envases que no ha podido depositar en la nueva máquina y que acabará tirando donde siempre, en el punto verde de debajo de su casa.

Esto por lo que a usted respecta. Lo que no le ha contado la cajera del supermercado es que instalar esa máquina ha costado de media al establecimiento 20.000 euros por máquina. Tampoco le ha contado que no existe obligatoriedad de devolver el envase en el establecimiento donde se ha comprado y que justo un rato antes que usted ha aparecido un señor con una bolsa repleta de botellas exigiendo sus céntimos. Tampoco le ha contado que se ha producido un incremento  de hasta el doble de los viajes de los camiones que llegan a la tienda de su barrio a recoger los envases. Ni que a la tienda en cuestión se le ha incrementado el consumo de agua, energía y tienen problemas con los olores que generan los productos que se depositen en esa máquina. Ni que al comercio le ha bajado la facturación porque la nueva máquina le obliga a quitar espacio de oferta y venta. Y por supuesto, tampoco le ha contado que este es el nuevo sistema que algunas autonomías como Valencia, Cataluña o Baleares quieren obligar a instalar por decreto ley en todo el comercio ya sea grande o pequeño y que responde al nombre de SDDR, Sistema de Depósito, Devolución y Retorno.  Y entonces surge la pregunta … ¿Quién gana con todo esto? 

Actualmente ya existe en toda España sistemas de reciclaje que se conocen como Sistema Integrado de Gestión de residuos (SIG) y que en el caso de los envases, plásticos, papel y cartón gestiona Ecoembes, organización sin ánimo de lucro que se encarga de todo lo relacionado con la gestión de dichos productos y campañas de sensibilización.  De la financiación de esta empresa y de la viabilidad del sistema, así como de las fábricas de reciclaje se encargan las propias compañías del sector del consumo: fabricantes, envasadores, comerciantes, distribución, etc…  que según la Ley 22/2011 de Residuos y Suelos Contaminados, están obligadas a gestionar todos los residuos que generan los productos que ponen en el mercado.

Lo que quieren imponer ahora Comunidades como Baleares, Cataluña o Valencia es un sistema que conviva con el actual SIG y que obligue a inversiones extra millonarias, pérdidas para los establecimientos, y molestias para el consumidor concienciado.  Los defensores de este sistema argumentan su implantación mirando a otros países como Alemania, Finlandia o Dinamarca, que es cierto, cuentan con este sistema. Pero no es menos cierto que si ampliamos la mirada no sólo a lo que nos interesa, la cosa es bien diferente. Reino Unido, Francia o Italia entre otros han estudiado la implantación de este sistema y lo han rechazado por inviable y poco eficiente.  Además, otros estados como Holanda han aprobado incluso su desmantelamiento una vez implantado.

Pero si ya existe un sistema de reciclaje vigente en toda España que funciona, ¿por qué no mejorar aún más su funcionamiento? ¿Quién es el beneficiario del nuevo sistema SDDR que sólo aplica al 9% de todos los materiales que pueden ser reciclados? ¿Quién se encarga de la fabricación de las más de 90.000 máquinas que se pretenden implantar? ¿A dónde va este beneficio?  No parece que sea el medio ambiente.

Muchas preguntas todavía por resolver. Habría que reflexionar mucho sobre las respuesta y sobre todo no lo olvide ¿Quién gana?