La necesidad de afrontar cambios de forma rápida y eficiente

Hace ya años que el término startup se ha integrado con naturalidad en nuestro lenguaje, pero también en nuestro entorno y día a día. Las que en algún momento fueron startups, peces en el mar con elevado riesgo de ser devoradas por el tiburón, ahora son grandes multinacionales que comen pececillos. Pero así es la vida de las startups, o evolucionan o desaparecen y lo más probable es que sea lo segundo. Según los datos, el 90% de las startups fracasan y el 10% que no lo ha hecho está cerca de hacerlo.

En el imaginario popular solemos pensar que una startup es un grupo de amigos jóvenes con posiblemente una gran idea, que trabajan de una forma menos convencional que en otras empresas pero con enormes dificultades de sacarla adelante por falta de financiación, infraestructuras etc.. y no es del todo erróneo pero en parte es lo de menos. Lo fundamental es que una startup está respaldada por una idea que busca simplificar procesos y trabajos complejos facilitando una sencilla experiencia de uso para los consumidores.

Lejos de estar en contraposición con el entorno en el que se desarrollan las startups y las grandes multinacionales, ambos modelos conviven y generan sinergias para cada una de ellas y para la sociedad. Si hay algo que caracteriza a las startups es su modelo de financiación, más allá de las vías tradicionales como créditos, recurren a figuras como business angels o a incubadoras y aceleradoras. Y es que las grandes empresas han entendido que necesitan adaptarse a los cambios de nuestro entorno y avanzar en la transformación digital. La mejor manera para ello es colaborar con las startups, llenas de talento y agilidad.

Por su parte, para las startups, las ventajas de entrar en una aceleradora corporativa son múltiples. De entrada tienen acceso directo a una gran compañía y a sus clientes con lo que pueden validar de forma muy rápida el producto o servicio.

Este escenario ideal es el que se da en las ciudades del mundo que están en el top de los mayores ecosistemas de startups, ya sabemos sin sorpresa que son Silicon Valley, Nueva York, Londres o Pekín. Ninguna ciudad española está en el Top 20 del ranking elaborado por Startup Gemone. Y esto nos hace, a todos, perder competitividad porque generando un ecosistema favorable a estos modelos de negocio ayudan a conocer mejor las necesidades de Innovación que se tienen dentro de las organizaciones. Permite además, llevar a cabo un proceso disciplinado de planificación y evaluación de proyectos de innovación pero también ayudan, y esto es fundamental, a entusiasmar a toda la organización con nuevas ideas.

En definitiva, añaden valor a las compañías, a la sociedad, y fomentan la agilidad en los negocios. Mejor ser y estar, por tanto, en el banco de peces que se hace con la corriente del océano y navega hacia el infinito, hacia el futuro.

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