Un mundo más globalizado: el valor de la cercanía

compra de proximidad

En un mundo en el que te puedes desayunar con el editorial del New York Times, presenciar en directo un amanecer en Papúa Nueva Guinea o revelarle tu receta secreta de pollo asado a tu amigo de Vietnam,  cuesta a veces reparar en lo que te tienes al lado. Lo que puedes tocar.

A todos nos gusta ir de vez en cuando al restaurante japonés de moda, probar la especia exótica traída de la India o cenar chop suey debajo de casa. Pero cuando de distribución de alimentación se trata, el cliente se decide por lo local, por los productos de la tierra.

En la última década, la gran distribución ha mantenido una apuesta firma por el desarrollo del negocio hacia la compra de proximidad. Lejos han quedado los 15 kilómetros de viaje en coche para llenar un carro de la compra por no menos de 300 euros. Ahora el cliente prefiere el supermercado de barrio, con una cesta media más económica y donde se hace más ameno realizar visitas periódicas.

Pero además de la lógica comodidad de tener el súper debajo de casa, la compra de proximidad incluye una oferta de cercanía que involucra en primer lugar al producto y al proveedor.  La extensa red de tiendas de la gran distribución no es más que un último eslabón de una cadena perfectamente organizada formada por productores, proveedores, transportistas y emprendedores, cuyo principal activo es precisamente la cercanía.

A modo de ejemplo, el 94% de los proveedores con los que trabaja el Grupo DIA son locales. Es decir, todos esos productos que pueden encontrarse en la tienda han sido criados, plantados o fabricados muy cerca de donde el cliente hace la compra.  El 6% restante se corresponden en su mayor parte con productos de exportación y que también son requeridos por parte de ese cliente cada vez más global con el pie puesto en su barrio.

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