¿Es malo para la salud el aceite de palma?

Durante las últimas semanas el foco mediático ha estado centrado en un ingrediente presente en una gran parte de los productos de alimentación y habitual en la dieta de gran parte de las familias en Europa: el aceite de palma.  Las alarmas han saltado consecuencia de diferentes movimientos de consumidores en la Redes y algunos políticos que pedían la retirada inmediata de los lineales al considerar este producto perjudicial para la salud. Pero, ¿qué hay detrás de todo esto? ¿Está fundada esta alarma?

El aceite de palma proviene de una palmera muy cultivada en algunas zonas del sureste asiático y África. Una vez procesado se destina principalmente al biocombustible y a la industria alimentaria en forma de manteca o grasa. Sus particularidades, y de ahí su generalizado uso, son que concede a los productos una mejora gustativa de forma muy neutra y otorga cierta untuosidad que hace más agradable el consumo de los productos en los que se ha empleado este aceite. Además, se trata de un aceite muy estable que no se descompone durante su cocinado con un coste accesible. Su uso por tanto es generalizado por parte de la industria alimentaria y es habitual encontrar aceite de palma en el etiquetado de numerosos productos como patatas fritas, galletas, bollería, precocinados, salsas, sopas, cremas, hojaldres, pizzas o aperitivos. Esto es importante señalarlo, porque el aceite de palma, al igual que el resto de componentes de cualquier otro producto, siempre está visible para los consumidores en el etiquetado.

La opinión pública ha girado su atención hacia este componente ante sus dudas en la composición. Se trata de un aceite con un 50% de grasas saturadas, y al igual que otros muchos ingredientes, su consumo excesivo aumenta los niveles de colesterol y puede contribuir al desarrollo de problemas cardiovasculares. Si hacemos una rápida comparativa con otros aceites de origen vegetal o animal, los niveles de grasas saturadas no resultan especialmente llamativos. El aceite de coco cuenta con más de un 90%, la mantequilla con un 81% o la manteca de cacao con un 60%. ¿Por qué estas dudas ahora con el aceite de palma y no con el resto? Lo único que parece claro hasta el momento es que el problema, como en casi todo, está en saber diferenciar entre salud y nutrición. Al igual que ya ocurriera con la alarma desatada alrededor de otros productos de la cesta diaria, su consumo excesivo, una dieta poco variada y la falta de ejercicio pueden ser los causantes de problemas en la salud.

Otro aspecto a destacar es su uso adecuado. La Agencia Europea para la Seguridad Alimentaria (EFSA) comunicó hace unos meses que refinar el aceite de palma a temperaturas superiores a 200 grados puede convertir este ingrediente en cancerígeno. En ningún caso este organismo ha instado a dejar de consumir inmediatamente el aceite de palma y ha avanzado que trabajará en más informes profundizar más en detalle sobre la polémica. Por su parte, la industria y fabricantes que incluyen este componente en algunos de sus productos se han apresurado a informar de que en ningún caso se hace mal uso de este aceite y que su refinamiento siempre se realiza de forma adecuada.

Por tanto, no existe hasta la fecha ningún indicio que haga pensar que el aceite de palma resulta perjudicial para la salud. Como en todo, su consumo excesivo es el problema. Pero eso no quiere decir que el consumo del aceite de palma no lleve implícitos otros inconvenientes. 

Deforestación

El principal problema que se esconde detrás del consumo generalizado a nivel mundial del aceite de palma es la deforestación de las zonas donde se produce. Debido a su cada vez mayor demanda, algunos países ya han lanzado la voz de alarma ante la deforestación y producción sin control que está provocando la desaparición de numerosas hectáreas de selva tropical. En muchas ocasiones se provocan gigantescos incendios, con la presunta connivencia de los gobiernos locales, para posteriormente comenzar la plantación de  estas palmeras.

Por eso también es cada vez más habitual encontrar más fabricantes y distribuidores comprometidos con la sostenibilidad de este producto y su calidad. En el caso de DIA, que incluye este ingrediente en algunos de sus productos de marca propia, se trabaja sobre dos líneas de actuación para asegurar el uso responsable del aceite de palma.

Por un lado, evitando el uso de aceite de palma, aceite de semilla de palma y sus derivados, sustituyéndolos por otro tipo de aceite cuando sea posible, haciéndoselo saber a los proveedores que fabrican su marca. Y por otro lado, utilizando únicamente aceite de palma con certificado de sostenibilidad si la sustitución no es deseable o pertinente de acuerdo a aspectos organolépticos, tecnológicos y medioambientales.

Eso sí, siempre sin olvidar que son los clientes de DIA los que han de adaptar la oferta en función de sus necesidades.

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